La Sra. Solís me ha recordado que la creación de este blog tiene muchos fines (unos explícitos, otros no) y uno de ellos es la instauración de relatos, la publicación de ideas y la transmisión de opiniones.
Y heme aquí, escribiendo –producto de una elección muy atinada–. Pero dice la gente, que para empezar, hay que hacerlo por el inicio.
Mi principio, surge como el de todos: en una tribu matriarcal. Primogénita de primogénitos, nieta de nietos, hermana de hermanas, prima de primos, sobrina de sobrinos… la primera en muchas situaciones de mi vida… de repente, no sólo en la familiar.
De mirada coqueta, labios provocadores, sonrisa continua, con rulos en el cabello y senos de ensueño (por algo me denominé Narcisa… lo sé…). Tachada de “nionia y cursi”. Me declaro una asidua de las películas románticas a la que no le sale fácil un “te quiero” de los labios.
Pensaba que ser linda e inteligente no combinaba (que era tarea imposible), hasta que acepté lo irremediable de mi situación… soy analítica y demasiado crítica para mi propia dicha. Ambivalente, defensiva, vanidosa y maternal. La <eterna confidente
Proveniente de una herencia de sobreprotección, nobleza, soberbia defensiva y altivez. Con una carga de independencia masculina: por generaciones se ha carecido de ellos (y el “felices para siempre”). Ya sea la diferencia de edad, la muerte o el divorcio, no se han quedado. Se han ido. Reflexión que en otra ocasión explayaré.
Crecí con el traspaso de ideas del siglo XIX en el movimiento del s. XX. Adquirí valores que nunca pasarán de moda, aprendí a modificar estereotipos y evitar –en la medida de lo posible– realizar juicios de valor.
Me desarrollé en la provincia, con altibajos, desencantos, dulces y amistades. En mi niñez transité entre la timidez, la precoz responsabilidad y la televisión. La adolescencia fue una época de lecturas, identificación de plan de vida profesional, el primer beso (¡y el segundo igual!) y el descubrimiento de mis deseos de ser poetisa… creadora de sonetos como Juana de Asbaje.
Llegó la adultez, y con ella, el primer amor, conflictivo afecto que me enseñó a través del dolor constante todos los errores que puede cometer una mujer. Se lo agradezco infinitamente, más aún, desde que ya no estoy con él –otra sabia elección–.
Y aquí estoy, en el vaivén de mi aprendizaje, desarrollo y crecimiento. En la catarsis de mis experiencias y fracasos. Estoy iniciando una aventura, muchas gracias María Desidia por la invitación…
Narcisa Epicúrea (¿necesito explicar más? jaja).

Comments
One response to “Yo (o parte importante de mí)”
Enviar comentarios (Atom)
Post a Comment |
María Desidia comentaba que al leer nuestros perfiles se le hacían evidentes nuestras diferencias y aunque comparto su idea por muchos motivos, me parece que si hay algo que nos une y nos caracteriza, es el hecho de ser mujeres que hemos decidido vivir de manera diferente su femidad como producto de nuestras experiencias de vida, pero sobre tambien por venir de un linaje de mujeres que en su momento decidieron también vivir de forma diferente lo que es ser mujer, evidentemente todas provenientes de un matriarcado que no sólo nos lego su fortaleza, sino también de una nueva forma de ver nuestra vida y escribir nuestro destino como mujeres del Siglo XXI.
Publicar un comentario