Visita inesperada...

jueves, 24 de septiembre de 2009

Qué semana… aún no ha concluido, pero Doña Nostalgia ha tocado a la puerta sin avisar y ha decidido no irse. Vino acompañada de Don Arrepentimiento a recordarme lo que el Sr. Miedo ha provocado en mi vida.
Se sentaron conmigo en la sala, a hablarme de la mala combinación del Patriarca Amor y Don Extremo Temor –apodado Pavor-. Me dijeron que ellos prefieren no frecuentarse cuando existe una posibilidad de ser feliz, pero “a veces las personas no lo entienden” –dijo don Amor, "y en su afán de defenderse para no salir lastimados se fusionan conmigo"-señaló don Pavor.

“Mi querida Narcisa, ¿cuántas veces has amado?” - me preguntaron... me tomaron por sopresa, viré la cabeza, y es así, que les relaté:

Sólo me he enamorado dos veces. La primera vez el amor me duró casi siete años, como el primero, fue intenso, apasionado, hasta que fue demasiado.
La segunda vez únicamente me tomó cuatro horas enamorarme, sí, cuatro horas. Más inverosímil haberme dado cuenta de eso hasta cuarenta horas, treinta minutos y no sé cuántos segundos después.
No quiero hablar de mi primer amor, ese se ha extinguido. Esta plática se la dedico al segundo.
Lo conocí en el lugar menos indicado: en uno de esos bares llamados “antros” en una playa hermosa. Me presenté con la actitud menos adecuada: lejana y temerosa.
Sin embargo, se acercó a mí, me conquistó, me apostó un beso, brindándome los labios con los que más cómoda, segura y apasionada me he sentido. Nos besamos, acariciamos… a la luz de la luna, con el sonido del mar haciéndonos coro, unísono a nuestros cuerpos.
Pero, ¡qué asustada me encontraba!, ¿Cuánto puede durar realmente lo efímero? - me preguntaba.
(
Para poder continuar tuve que prender un cigarro, la ansiedad me controlaba).
Lo alejé -
continué. Esa misma madrugada lo alejé. Me pidió saber más de mí, únicamente sonreí.
El poco amable Señor Control me convirtió en UN NO ANDANTE. No- no- no.
Y nada más pasó: al día siguiente lo ví, él no a mí.
No pude acercarme porque me sujetaron del cuerpo Don Pavor y Don Control, diciéndome: “¿para qué te vas a acercar?, sólo fue un encuentro fugaz”.
Obedecí. No soy obediente, pero lo hice. Me quedé parada, únicamente viéndolo marcharse.
Desde ese día, no supe más de él. No sentí sus labios nuevamente ni el olor de su piel.
Dos días después me di cuenta que lo amé.
Y Don Arrepentimiento,
apareció usted. Pero ¿qué le puedo hacer?, ya no puedo estar con él.
Doña Melancolía me ha hablado, me ha explicado que me queda su recuerdo y el sabor de sus besos.
Me prometió que algún día “si me encuentro con Don Amor, a la Señorita Valentía y a la Asertiva Espera, tocaré a tu puerta” – dijo ella.
Y yo quiero creerle. Sé que no será mi segundo amor. Pero es mi amiga Esperanza y mi vecina Doña Fe.
¿Qué más puedo hacer?

Así concluí mi relato. ¿Qué les pareció? – pregunté.
Cuando advertí, se encontraba Sabia Paciencia a mi lado, me tomó de la mano y con la mirada más dulce jamás imaginada, hizo todo y dijo nada…

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