Mi memoria tiene pésimos gustos musicales

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Seguramente como la de muchos, mi memoria es una pesada; se acuerda de lo que no debe, en los momentos mas inoportunos, y no se acuerda de lo que debe en el momento oportuno para dejarme en ridículo. No soy muy hábil para recordar cosas inmediatas, vivo apuntándolo todo, mi mama solía pelear mucho conmigo, porque no podía acordarme de lo que me encargaba comprar en el super y por cada comida que se quemaba ya que se me olvidaba vigilarla; en el trabajo sucede casi lo mismo, por ello compré una agenda, pero mi memoria es tan culera, que incluso hasta eso olvido. Mi bolsa de mano, es como la de Mary Popins, cargo todo, porque como todo olvido, sé que ahí siempre puedo encontrar algo.
Pero, Mi adorada memoria, lo que sí hace es guardar el retrato fiel de las sensaciones experimentadas en determinado evento. Recuerdos que adquieren mayor significado porque se asocian a ciertos detalles como canciones, olores, palabras y hasta películas, que fueron parte de la ambientación en su momento y que ahora funcionan como estímulo condicionado que evoca a la mínima provocación.
Todos estos estímulos activadores de mi insolente memoria, conforman una valiosísima colección que podría clasificarse en tres partes: un catálogo de perfumes; el soundtrack de mi vida y la cartelera de cine. En cada grupo podría enumerar una variedad de ellos, sin embargo los que mas recuerdo, son aquéllos que resultaron de momentos que han marcado mi vida para bien o para mal; lamentablemente la descarada de mi memoria, elige los que más duelen, me apretujan la panza o me hacen llorar.
Es una pena que gran parte de esta colección sean de cosas que evite, es horrible revivir una sensación que fue producto de algo tan intenso y al día de hoy poco disfrutable; en lo particular, los estímulos que mas me vulneran son los olores, como el del “Anaís Anaís” que me transporta a la agonía de mi abuelo que moría de cáncer; o el olor del “212” que me lleva a un primer beso en un parque de una relación que terminó mal, y qué decir del olor del “Ariel oxyazul” con el que lavaba mi ropa mientras me preparaba para el viaje que determinó en gran parte a la persona que soy ahora. En cuanto a mi soundtrack personal, ahí si hay un poco mas de equilibrio; “Mi muñeca”, me recuerda a un amor adolescente y tormentoso en mis épocas preparatorianas, que ahora me produce ternura; “Todo cambio”, marca el momento en que, el galán en cuestión se dio cuenta de que siempre si me quería, mas no lo suficiente; y “20 minutos” que llegó a su momento cumbre mientras mi Paquito me la cantaba al oído; sin embargo, por el otro lado, está esa canción de Rebeca del Río, que me deja indefensa, con el nudo en la garganta y el estómago dando vuelcos. De este lado también están aquellas rolas que me han hecho detestar a Iskander y a Eros Ramazzotti y no precisamente porque no canten bonito. Así como “Volverte a amar” que fue la canción más repudiada todo un diciembre, porque escucharla me sacaba las de cocodrilo. Seguramente con este repertorio, es posible que se cuestione mi gusto musical, lo curioso es que no están incluídas por decisión propia, si no porque estuvieron en el momento preciso ya sea como escenografía en que algo ocurría (dj Yisus) o en las palabras de alguien significativo. De la cartelera, nada mas quiero señalar, que adoro ver Jurasic Park, creo porque me recuerda mi niñez, en la que fui muy feliz.
Mi traidora memoria, tiene mucho material con que entretenerse, para sacarme de la jugada y obligarme a revivir, a veces cuando no quiero y otras cuando no lo espero; sin embargo me gusta. Pienso que sería bueno resetearla, sobre todo cuando se torna insoportable, para volverla a llenar, con nuevos olores, canciones y películas que evoquen mejores sensaciones; pero no, mejor la dejamos así.

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