Nunca sabrás que te lloré
martes, 29 de septiembre de 2009
Mis lágrimas, al igual que el agua, no paraban de escurrir.
Te lloraba.
Anhelaba,
Pensaba.
Pero no te enterarás.
Nunca sabrás que te lloré.
Te digo adiós sin despedirme.
Me alejo y nunca supiste que me acerqué.
No te enteraste del efecto que provocaste.
¿Qué se obtiene de la nada?
Porque eso era: nada.
Y de eso me voy, de nada y con todo.
Aunque sé que nunca me diste la bienvenida
estas lágrimas marcan mi despedida.
Esta dosis de dolor me bastó para sanar.
Ya estoy bien.
Terminó como inició: sin saberse.
Por eso,
Jamás supiste que te añoré.
Por eso,
Nunca sabrás que te lloré,
Especialmente porque hoy ya te superé.
Visita inesperada...
jueves, 24 de septiembre de 2009
“Mi querida Narcisa, ¿cuántas veces has amado?” - me preguntaron... me tomaron por sopresa, viré la cabeza, y es así, que les relaté:
Sólo me he enamorado dos veces. La primera vez el amor me duró casi siete años, como el primero, fue intenso, apasionado, hasta que fue demasiado.
La segunda vez únicamente me tomó cuatro horas enamorarme, sí, cuatro horas. Más inverosímil haberme dado cuenta de eso hasta cuarenta horas, treinta minutos y no sé cuántos segundos después.
No quiero hablar de mi primer amor, ese se ha extinguido. Esta plática se la dedico al segundo.
Lo conocí en el lugar menos indicado: en uno de esos bares llamados “antros” en una playa hermosa. Me presenté con la actitud menos adecuada: lejana y temerosa.
Sin embargo, se acercó a mí, me conquistó, me apostó un beso, brindándome los labios con los que más cómoda, segura y apasionada me he sentido. Nos besamos, acariciamos… a la luz de la luna, con el sonido del mar haciéndonos coro, unísono a nuestros cuerpos.
Pero, ¡qué asustada me encontraba!, ¿Cuánto puede durar realmente lo efímero? - me preguntaba.
(Para poder continuar tuve que prender un cigarro, la ansiedad me controlaba).
Lo alejé - continué. Esa misma madrugada lo alejé. Me pidió saber más de mí, únicamente sonreí.
El poco amable Señor Control me convirtió en UN NO ANDANTE. No- no- no.
Y nada más pasó: al día siguiente lo ví, él no a mí.
Obedecí. No soy obediente, pero lo hice. Me quedé parada, únicamente viéndolo marcharse.
Desde ese día, no supe más de él. No sentí sus labios nuevamente ni el olor de su piel.
Dos días después me di cuenta que lo amé.
Y Don Arrepentimiento, apareció usted. Pero ¿qué le puedo hacer?, ya no puedo estar con él.
Doña Melancolía me ha hablado, me ha explicado que me queda su recuerdo y el sabor de sus besos.
Me prometió que algún día “si me encuentro con Don Amor, a la Señorita Valentía y a la Asertiva Espera, tocaré a tu puerta” – dijo ella.
Y yo quiero creerle. Sé que no será mi segundo amor. Pero es mi amiga Esperanza y mi vecina Doña Fe.
¿Qué más puedo hacer?
Así concluí mi relato. ¿Qué les pareció? – pregunté.
Cuando advertí, se encontraba Sabia Paciencia a mi lado, me tomó de la mano y con la mirada más dulce jamás imaginada, hizo todo y dijo nada…
Mi memoria tiene pésimos gustos musicales
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Pero, Mi adorada memoria, lo que sí hace es guardar el retrato fiel de las sensaciones experimentadas en determinado evento. Recuerdos que adquieren mayor significado porque se asocian a ciertos detalles como canciones, olores, palabras y hasta películas, que fueron parte de la ambientación en su momento y que ahora funcionan como estímulo condicionado que evoca a la mínima provocación.
Todos estos estímulos activadores de mi insolente memoria, conforman una valiosísima colección que podría clasificarse en tres partes: un catálogo de perfumes; el soundtrack de mi vida y la cartelera de cine. En cada grupo podría enumerar una variedad de ellos, sin embargo los que mas recuerdo, son aquéllos que resultaron de momentos que han marcado mi vida para bien o para mal; lamentablemente la descarada de mi memoria, elige los que más duelen, me apretujan la panza o me hacen llorar.
Es una pena que gran parte de esta colección sean de cosas que evite, es horrible revivir una sensación que fue producto de algo tan intenso y al día de hoy poco disfrutable; en lo particular, los estímulos que mas me vulneran son los olores, como el del “Anaís Anaís” que me transporta a la agonía de mi abuelo que moría de cáncer; o el olor del “212” que me lleva a un primer beso en un parque de una relación que terminó mal, y qué decir del olor del “Ariel oxyazul” con el que lavaba mi ropa mientras me preparaba para el viaje que determinó en gran parte a la persona que soy ahora. En cuanto a mi soundtrack personal, ahí si hay un poco mas de equilibrio; “Mi muñeca”, me recuerda a un amor adolescente y tormentoso en mis épocas preparatorianas, que ahora me produce ternura; “Todo cambio”, marca el momento en que, el galán en cuestión se dio cuenta de que siempre si me quería, mas no lo suficiente; y “20 minutos” que llegó a su momento cumbre mientras mi Paquito me la cantaba al oído; sin embargo, por el otro lado, está esa canción de Rebeca del Río, que me deja indefensa, con el nudo en la garganta y el estómago dando vuelcos. De este lado también están aquellas rolas que me han hecho detestar a Iskander y a Eros Ramazzotti y no precisamente porque no canten bonito. Así como “Volverte a amar” que fue la canción más repudiada todo un diciembre, porque escucharla me sacaba las de cocodrilo. Seguramente con este repertorio, es posible que se cuestione mi gusto musical, lo curioso es que no están incluídas por decisión propia, si no porque estuvieron en el momento preciso ya sea como escenografía en que algo ocurría (dj Yisus) o en las palabras de alguien significativo. De la cartelera, nada mas quiero señalar, que adoro ver Jurasic Park, creo porque me recuerda mi niñez, en la que fui muy feliz.
Mi traidora memoria, tiene mucho material con que entretenerse, para sacarme de la jugada y obligarme a revivir, a veces cuando no quiero y otras cuando no lo espero; sin embargo me gusta. Pienso que sería bueno resetearla, sobre todo cuando se torna insoportable, para volverla a llenar, con nuevos olores, canciones y películas que evoquen mejores sensaciones; pero no, mejor la dejamos así.
Guía de turismo
martes, 22 de septiembre de 2009
Lo había visto a lo lejos, caminando detrás de mí,
guardando su distancia, esperando que no lo viera;
no hizo falta, sabía que ahí estaba.
Camino derecha, tengo malos presentimientos,
sé que su compañía es inevitable.
Tomo asiento y ahí esta él, parado junto a mí,
siento que todo se derrumba, quiero dormir, cierro los ojos,
los aprieto con fuerza, nada..., nada resulta.. sigue ahí.
Lo miro, él, expectante con sus ojos fijos en los míos,
su mirada hace que me pierda en la dimensión del tiempo y del espacio,
siento náuseas.
Le sostengo la mirada y me atrevo a hablarle:
- ¿Cuánto falta? -
Pero él no me contesta, no quiere, porque sé que no es mudo,
aún así, me quedo con la sensación de que su respuesta sería "mucho".
Le hablo de nuevo. - ¡Vete!-
él: - No puedo -
yo: - dueles... mucho -
él: - Lo sé -.
Me desespero, deseo hundirme en un sueño profundo,
no quiero verle... nunca más.
Vuelvo a cerrar los ojos y le doy la espalda,
no se ha ido, aquí está.
Corro, corro hacia la nada o.. hacia todo,
quiero perderlo, quiero que deje de seguirme,
lo detesto.
No me detengo, me escondo, no quiero que me alcance,
pero ningun rincón es lo suficientemente pequeño para que sólo entremos uno de los dos.
Lo veo acercarse y corro, corro aún mas rápido,
- creo que lo perdí -. pensé.
Todo esta oscuro, mis manos y mis caderas me duelen, creo que fue un golpe,
mis piernas no me responden, tiemblan. No puedo controlar nada,
ni a mi misma. Las náuseas otra vez.
yo: - ¿Qué pasó?- pregunté
él: - Tropezaste conmigo - me dijo.
Lo entendí todo. Recobro la compostura y me levanto,
camino lentamente y él me ayuda,
estoy lastimada, muy adolorida.
Me lleva a sentarme a una banca, y lo miro con los ojos llenos de lágrimas.
yo: - Guarda tu distancia -, le ruego su misericordia.
él: - Sólo tienes que caminar junto a mí.
yo: - Pero no quiero, el viaje es mío -
él: - Sí, pero yo soy tu companía-
yo: - Bueno, pues entonces guarda tu distancia, camina donde no me estorbes, no quiero volver
a tropezarme contigo - le dije enfadada.
él: - ¿Te fijas que el camino es angosto y empedrado?-
yo: - Sí, por eso, ve detrás mío -
él: - No -
yo: - ¡¿Por qué?!- le grité impaciente
él: - Porque ese no es el objetivo del viaje- me contestó con la misma serenidad de siempre.
yo: -¿Cuál es?- pregunté
él: - Que aprendas a caminar conmigo -.
* Ando falta de ideas, recurrí al back in time personal.
Enemiga
Este es el de hoy:
“Yo tenía un enemigo que mis pasos seguía,
Y aunque parezca extraño yo no lo conocía,
Mis planes y mis sueños,
Todo desbarataba,
Mis mejores deseos,
Por él no los lograba.
Un día pude atraparlo,
Le reclamé su cinismo,
Le destapé la cara
Y me encontré a mí mismo…
Desde ese día todo se transformó,
Pues aquél enemigo,
Mi amigo se volvió.”
No puedo evitar analizar y pensar cuántas veces he sido mi propia enemiga, el identificar cómo continúo cayendo en situaciones similares que me ponen en desventaja.
Ya no es como antes, es menos el sabotaje. Pero, ¿hasta cuándo continuará? ¿Cuándo cesará?
Aún no lo sé. Pero mientras, en el camino, intentaré ya no dispararme de frente a frente.
Ahora, sólo tengo algunos rozones, he entendido que las heridas a veces no se pueden evitar, por más que trate de hacerlo.
¡Declaro la Guerra!
jueves, 17 de septiembre de 2009
Quiero sentirme completa sin unas manos tomando las mías,
Contenta sin unos labios de turno,
Satisfecha sin unas caricias rondando mi figura,
Alegre sin una mirada dirigida,
Estable sin una atención específica.
Le declaro la guerra a los escuetos discursos de “las mujeres necesitan una relación para estar bien”, “te estás
Es momento de levantarme en armas y armarme de valor, para ya no sentir que necesito "otro" para estar mejor. ¿Desde cuándo la soltería es una condición indeseable?, ¿Desde cuándo la inteligencia, autonomía e independencia son aberraciones?
Es por ello, que DECLARO LA GUERRA a los estereotipos o prejuicios que me han rondado y han intentado atacar el “fuerte” de mi afecto y la muralla de “mis sentimientos”. Pero ninguno de estos pelotones enemigos lo ha logrado, he salido bien librada.
No necesito a nadie más para ser feliz,
No requiero de otro, ni siquiera un desliz.
Ni momentos, ni sentimientos.
Es tiempo de darle una tregua a los anhelos, hacerle una brecha a los silencios y acomodarme en mi deliciosa compañía.
La guerra tiene un principio, más no tiene fin. Y no culminará con la conquista del enemigo… acabará de una manera extraña, desconocida incluso para mí…
¡Viva la independencia, especialmente la de juicio (más bien prejuicios)
y sobre todo la afectiva!!!
¡ V i v a aa!
No lo vuelvo a hacer
martes, 15 de septiembre de 2009
“ Si quieres obtener resultados diferentes, haz las cosas diferentes…”
Mucho tiempo pregunté: "¿por qué siempre tiene que ser así?". Hace poco obtuve la respuesta. Consecución de aprendizaje tras aprendizaje, error, luego de otro error.
La última vez, prometí no volver a hacerlo, aprendizaje del error anterior; pero, dadas las circunstancias no quedó de otra más que aceptar: ¿Cómo resistirse a la miscelánea de encantos, casualidades, imposibles que se volvían posibles, señales del destino o decisión de Don Tiempo, entre dos seres que se encontraron?. Está de más decir, y sin ánimos de justificarme, que ese conjunto, en su totalidad, fueron los motivos, aunque surrealistas, para que ésta “émula” de Ícaro, presuntuosa aventurera inexperta y para colmo enamoradiza desatinada, decidiera volar directito y sin escalas a “Le rompemos la madre a tu corazón” (mismo método). Como era de esperarse, toqué de golpe la realidad: aprendí a convivir con la indiferencia; a compartir y a competir por un amor, obteniendo sólo cariño a cuenta gotas por la módica cantidad de sentirme mujer; todo esto mientras me deshacía en mostrarme perfecta, fingiendo estar completa, cuando cual herida de guerra, ya tenía mutilada el alma y en pedazos mi corazón. Al final, me di de topes contra un abandono que no entendí, pero que esperaba, obvio, viniendo de quién, teniendo las de perder, se venda los ojos, se tapa los oídos y se lanza a la conquista de un corazón de condominio (mismo final).
¡Qué evento tan estúpido! podría pensarse, y sí, lo es. “Estúpida” fue el calificativo mas tierno que me dije, “ Los azotes en el ego duelen mas que en el cuerpo” (cítome); pero tenía que aprender, y eso, en cabeza ajena, no se hace. La resaca después de la sobredosis de desamor fue lo peor, esa maldita agonía de “¿por qués?” que no encontraban ni encontraron muchas respuestas, combinados con las nauseas que provocaba el sentimiento de vació en ese lugar donde se supone que va el corazón; y con la jaqueca tan intensa porque la mente trabaja más cuando el corazón se cansa de querer entender. Pero al fin entendí, no es cuestión de mala suerte, no es que haya nacido condenada a coleccionar finales tristes; la razón es simple, el mismo método, siempre lleva al mismo resultado; la culpable: yo, que tomo malas decisiones, porque todo se resume a decisión: decidir estar con quien no te quiere, con la esperanza de que un día lo haga, sólo te va a llevar al mismo lugar donde comenzaste, la soledad. El hombre que es inconveniente desde el principio, lo será hasta el final, enamorarse de quien no es, ni quiere ser lo que deseas que sea, es una malísima y muy tonta inversión. Ahora estoy segura que sin esforzarme seré la perfecta imperfecta de alguien que será conveniente desde el principio, desde luego el método será diferente. Nada con los hombres “cheque sin fondos”; me costó unas cuantas heridas, caídas, raspones y roturas de boca, no lo digo orgullosa porque me pude haber ahorrado la barbaridad, pero aquí sigo, aunque de pronto me salen mis “joterias” (como dicen por ahí) con eso de que no me vuelvo a enamorar. En fin, sólo prometo, cual borracho arrepentido revolcándose en la resaca: (enamorarme de un pendejo) “No lo vuelvo a hacer”.
Me crees fea
Lo admito, no soy valiente,
Me causa desasosiego sentir.
Me crees fea,
Pero… ¿cómo saber?
¿Cómo poder?
Piensas que no quiero conquistar,
Crees que no puedo amar.
¿No sabes que tengo temor de la felicidad?
No me da miedo el dolor:
Ese podría soportarlo.
Me aterroriza sentirme bien,
s e n t i r . . .
y luego hacerme fea...
No sé si podría tenerte,
¿Qué tal si llego a perderte?
Sólo sé alejarte,
¿Cómo poder conservarte?
Irrazonable,
Niña,
Ñoña,
Soberbia:
Fea…
En eso me convierto.
Altiva,
Diva,
Controladora,
Voluble:
Fea…
Así me vuelvo.
Es por eso que me a l e j o.
Esta vez no lo permitiré,
No seré fea…
Necesito precisar:
No sé cómo ser linda,
Más ya no seré fea…
¿Cómo?
En el camino lo descubriré…
Quizás te permita acercarte,
Tal vez me permita conocerte.
¿Qué pasará?
Esta vez no quiero saber…
Memorias privadas y confesiones de una pecadora justificada
lunes, 14 de septiembre de 2009
Parecía predestinada a vivir estas dualidades, ya que también también se hicieron presentes en mi vida afectiva, por un lado crecí con la firme idea de casarme con mi príncipe azul, aquel mejor amigo que durante mucho tiempo tan sólo fue mi amor platónico, hasta que un día se dio cuenta de que existía y me pidió ser su novia, sí, cual cliché de película hollywoodense, con la única diferencia de que el príncipe azul no era azul y literalmente se convirtió en rana, o más bien, durante la etapa de enamoramiento decidí convertirlo en príncipe para darle un final feliz a mi historia, al final me quede sin príncipe azul y sin final feliz y me vi arrojada al mundo real, entonces enojada con la “novia buena-futura madre/esposa” por haber alejado al ficticio príncipe azul, la abandone para dejar salir a Mrs. Hide, aquella parte escondida y bastante reprimida de “femme fatal”, que decidió ser la “más prohibida de las frutas”, “ la virgen del pecado” o como alguién alguna vez me llamo "La Magdalena"(y no precisamente por ser una santa, sino haciendo referencia a tan famosa canción de Joaquín Sabina, averiguen ustedes el porqué...) personalidad que me permitió vivir durante un tiempo una vida sin moral y a la cual le fue fácil adoptar aquellas virtudes de las que tanto hacen gala algunos hombres, solamente que en una de sus mejores versiones femeninas: me volví una H-O-M-B-R-E-R-I-E-G-A. No niego que durante un tiempo fue divertido, sobre todo cuando puse en su lugar a un gavilán que terminó convirtiéndose en paloma en mis pequeñas y frágiles manos, sin embargo, lo divertido dejó de ser divertido cuando me vi confrontada con el vacío existencial que quise llenar teniendo un “corazón 5 estrellas” en el que cualquiera que ofreciera un poco de atención podía tener cabida.
Hoy me dado cuenta que intentar vivir en cualquiera de las dos polaridades no me trajo nada bueno, ya que por un lado vivir sólo de sueños lo único que hace es hacerte bajarte a trancazos de tu nubecita, cuando te das cuenta de que el mundo no es como tú pensabas e intentar vivir sin reglas y sin remordimientos de conciencia es desensibilizarte poco a poco haciéndote menos humano, por lo que he estoy aprendiendo a vivir con ambas partes, a tomar lo mejor de cada una de ellas y dejar que eso me impulse para sacar lo mejor de mí, he aceptado que quiero ser madre y esposa, pero también deseo disfrutar del sexo y experimentar muchas cosas pero con la persona que he elegido amar y no con cualquier imbécil que lo único que quiere es alimentar su ego (aunque debo confesar que el ego más alimentado en aquella época fue el mío jajajaja) el punto es que aunque deseo ser “una mujer de puta madre” (traducido al español: una dama en la mesa y una puta en la cama, sólo que con mi pareja, léase: mi futuro esposito), quiero serlo conservando a aquella niña inocente que es parte de mí, pero que también a aquella mujer que ha crecido y madurado debido a sus vivencias, una mujer rosa que vive con pasión cada uno de sus días y que es capaz de ser sobresaliente en el mundo afectivo y profesional, una mujer que no buscar ser llevada, ni busca llevar a nadie, sino que está en busca del abrazo preciso de un hombre que como yo ha aprendido a vivir también con esa dualidad, una mujer que es capaz de dejar vivir a Dr. Jekyll y Mr. Hide en un mismo ser, una mujer que cómo la Magdalena descubrió que se podía volver a reinventar...
Conversando con García Márquez…
domingo, 13 de septiembre de 2009
Esta mañana, mientras retomé después de un par de semanas “El amor en los tiempos de cólera” (Gabriel García Márquez) leía la historia de Fermina Daza, y no podía evitar compararla con la última heroína que había admirado: Catalina Guzmán (Arráncame la vida, Ángeles Mastreta)… si bien podemos hacer un análisis de los personajes desde el género de sus creadores, no es esto lo que se me antoja realizar. Es demasiado pueril esa comparación.
Estos personajes opuestos, Catalina tan libre y reflexionadora, Fermina tan altiva y clásica, me hicieron pensar en la pregunta que muchas mujeres predominantemente heterosexuales nos hacemos: ¿qué quieren los hombres en una mujer para quedarse en y con ella?. Ambas arrasaron con algunos hombres, que las quisieron, que lucharon y murieron por ellas. Aún así, tan distintas mis heroínas, tuvieron su final, como el de todos: incierto, feliz.
¿Qué desean?, porque a mi parecer he tenido varias de las combinaciones: lejana, altiva, cercana, que da confianza, ligera, autónoma, independiente, necesitada, accesible, protectora, víctima… y eso sólo fue con una persona, a la que al final de todo decidí abandonar y ya no me provoca siquiera besar.
Después, erré, fui ansiosa y demandante con la persona equivocada, y para no salir lastimada decidí estar-mientras-tanto con aquél al que dejé, no sabía cómo ser "arriesgada" y me confiné. Retrocedí. Y así, por tres años, decidí quedarme.
Vivía de esa manera, hasta que hace una centena de días me animé –después de una ahora dulce decepción–, ¡me atreví a sentir otros manos y otros labios! Sabía lo que buscaba: nada. Nada con nadie. Todo con alguien y nada al mismo tiempo.
Y descubrí una nueva faceta de mí: a alguien menos vulnerable, más fría y calculadora. Pero no lo aprendí a la primera: tuve un sensei bastante intenso. Supe que soy capaz de atraer, pero no he podido mantener, porque al final, de una u otra manera, la Sra. Ambivalencia ahuyentó a cualquiera.
Y ahora me encuentro en un proceso diferente, como al principio nuevamente: ¿qué quieren los hombres en las mujeres? Porque descubrí que mi autonomía, independencia e inteligencia les atraía, pero cuando más la conocían, más atrás se iban.
Ya no sé qué hacer, y esto es literal: no sé cómo actuar para poder conservar, no sé qué decir para poder conversar -sin que las expectativas ronden por doquier- no sé qué decir y cuando callar. No sé si aguantar o la iniciativa tomar. Pero me ha llegado el arrepentimiento: creo que uno de esos sí valía la pena esperar.
Ahora estoy parada sobre la piedra “no haré nada, esperaré a que él lo haga”… y me encuentro con que estoy como al principio: temerosa, replegada… porque me da tanto miedo sentir, que prefiero ahuyentar que acercar; porque prefiero salir que entrar; porque quiero querer pero no sé cómo hacer… ¿Por qué me asusta tanto amar y ser feliz?
Porque esa es la verdad: me da más miedo amar, no quiero arriesgar y al final llorar. Prefiero escribir y pensar, analizar y coquetear, alejar y controlar. Aún no soy capaz de dejarme llevar, no sé vivir la incertidumbre de un inicio, necesito un claro principio… ¿pero cómo lo haré si no soy capaz de empezar?...
Al final, ni Fermina ni Catalina. Es Narcisa, la Epicúrea, que tanto teme sufrir, porque tiene miedo de enamorarse y arriesgarse al camino del duelo nuevamente. Y ya no sé si podría soportar otro corazón desolado y volver a empezar… no otra vez.
Opiniones de ocasión
sábado, 12 de septiembre de 2009
Pedir a los demás que actúen como lo harías tú, es no respetar la individualidad que nos diferencia como humanos. La reciprocidad tiene límites.
Pedir que nunca te lastimen, es no estar abierto a la vida, es dejar pasar la oportunidad de aprender a defenderse de lo que está por venir. Certeza es, la tiranía de la vida que espera que sigas confiando, sigas arriesgando y no te traumes… pinche vida sin vergüenza.
Si te pido que me quieras, quiereme con tu esencia, con tu historia y con lo que puedas. No me prometas que siempre estarás ahí, porque habrá un día que no podrás o no querrás. Recuérdame que no eres perfecto, y que aunque me quieras me puedes lastimar. Camina junto a mí, pero no entorpezcas mi camino. Invítame a pasar muchos momentos contigo, pero no olvides que también necesitas tu soledad. No te engañes diciéndome que nunca dejarás de sentir lo que hoy sientes por mí, porque es seguro que mañana no seremos los mismos.
Es difícil entender cómo funciona la vida sin equivocarnos, a veces de manera tan estúpida uno se da cuenta que todo sale caro.
Podemos aceptar e incluso aplaudir que una persona cometa errores, pero nos volvemos hipócritas a nuestra propia ideología, cuando esos errores nos llevan entre las consecuencias.
Los azotes en el ego, duelen mas que en el cuerpo.
En cada relación, todos tenemos nuestros ciclos, a veces estamos cerca, luego no tanto, lo importante es que sabemos que ahi andamos:cerca o lejos...pero que en cualquier momento podemos regresar. Ese es el chiste de la amistad, respetar tus tiempos y espacios, respetar que aveces no soy tu persona favorita y otras veces lo soy demasiado; en respetar que podemos tener millones de ideas diferentes, estilos diferentes, pedos mentales diferentes y que bueno!, que bueno que es asi...
post patrocinado por la MariaJuana. Ah! y protegido por derechos de autor.
Remedio contra las: i d e a s . . .
jueves, 10 de septiembre de 2009
De esa manera, nos evitaríamos momentos bochornosos, lágrimas autónomas, jaquecas recurrentes e inhibiciones afectivas permanentes… entonces, le comenté que la cuestión no únicamente radicaba en NO SENTIR NADA EN EL CUERPO –malestar, súbita emoción en el estómago, latidos extremos-, porque sí habían pastillas contra eso (digo, por algo existen los psicotrópicos)… se requiere atacar el problema desde la raíz, lo que necesitamos son PASTILLAS CONTRAS LAS IDEAS, FANTASÍAS, AÑORANZAS y EXPECTATIVAS. Son éstas las que nos causan sufrimiento y desazón, son las traicioneras que nos producen amargura cuando no actuamos o no realizó eso que tanto queríamos con ese alguien…
Si acabamos con éstas, acabamos con el dolor. Y no es porque el dolor sea malo, ¡cuánto no he aprendido especialmente de mis errores!, pero sí eliminaría la agonía, esa que no me deja descansar por las noches cuando pienso constantemente: “si tan sólo no hubiera…”.
Descubriendo a María Desidia.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Después de una hora sentada frente a la computadora, te decides a escribir lo primero que salga de tu cabeza, quizá la gente agradezca al menos tu sinceridad aunque seguro notará tu escasa habilidad para escribir sobre tu persona.
¿Quién eres? ¿Cómo eres? Y ¿qué haces? Siempre fueron las preguntas obligadas, en el proceso de conocer gente y siempre respondías, -¿es algo complicado, tienes tiempo para que te cuente?-
Ahora escribirlo seguro te llevará hojas enteras de cansado choro, luego piensas en como llegaste a este compromiso, tu tan acostumbrada a hacer las cosas por inspiración y ahora que tienes que escribir, te das cuenta cuan jodida estas.
No podía creer lo que hacía cuando la vi separando las gomitas verdes y naranjas del paquete.
- Qué? no me gusta el sabor a cítrico artificial - dijo.
Uno se piensa que no comer cosas con color verde artificial es una manía, pero esa es solo una de las muchas que le encontré.
-No duermo con almohadas, hablo sola, le pregunto a la gente su signo zodiacal por diversión, me encanta ver fotos de desconocidos, pierdo el tiempo en exceso, odio a los monos, saludo a los animales, canto cuando nadie me ve.
¿Algo más que deba saber?, le dije mientras la miraba entre asombrado y con muchas ganas de reírme.
Se podría decir que María Desidia es el tipo de persona que ves y te provoca ternura o confianza y de alguna manera terminas contándole algo o lo más importante de tu vida.
Cercana a su lado espiritual ahora intenta guardar distancia con su realidad para ver su vida en perspectiva. Despistada a morir, desidiosa por convicción propia, su vida ha sido un vaivén de grandes historias que algún día contará.
Acostumbrada al drama de bajo impacto vive enamorada del amor y odia estar sola. Le gusta manejar con las ventanillas abiertas y hacer historias sobre gente que no conoce, na´ más suponiendo.
El sueño es su segunda vida y sueña con ser disciplinada. Es fanática en tiempos reducidos.
María Desidia sueña con ser un alter ego famoso, como xtina, como slim shady; odia las reuniones familiares y le gusta el pastel de fresas.
Y si no entendieron, pues de eso se trata, así de caótica es mi vida, imaginenme a mi.
09/09/09
martes, 8 de septiembre de 2009
Yo me quejo, tú te quejas, él se queja... ella se queja.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Yo me quejo, a menudo lo hago, exijo quejarme, es más, lo decreto como un derecho. Cuando digo que me quejo, me refiero específicamente al hecho de contar algún problemilla, situación o conflicto que afecta directamente una parte en especial: mi cabeza ( y a veces mi estómago, por aquello del estrés).
Pues sí, me quejo, y no por inconforme con la vida, al contrario, considero que es desagradable la gente quejosa del tipo de quejosos que no se permite disfrutar de nada y hasta lo del vecino les afecta, algo así como si se rascara la picazón ajena pues; por otro lado, también me desagradan los quejosos cuyas penas son la regurgitación de lo que no quieren resolver. En mi caso, me quejo porque necesito deshacerme de la maraña de ideas que oprimen mis sensores de la inconformidad, por el simple hecho de que “pasan”; ya que cuando me quejo del conflicto, o no está en mis manos resolver o ya estoy en camino de, por lo tanto no huyo de la responsabilidad, al contrario, la asumo, sólo que la molestia quién la quita, al menos el derecho a desahogarme ¿no?.
Quejarse lo hacemos todos, sobre todo cuando alguien pregunta “¿cómo estás?”, claro si se da en un ambiente de confianza, el “¿cómo estás?” se convierte en la oportunidad perfecta para usar al otro como un buzón de quejas, con la particularidad de obtener una “grata” (intervención) interacción. Es curioso, pero en general sucede que, al menos la gente con la que se mantiene un vínculo cercano piensa que ante el problema, tiene la responsabilidad de decir/hacer algo; sin embargo, a lo largo de mi vida quejeril, me he topado con dos reacciones bastante comunes:
Los que ante la situación-queja responden con prácticamente un instructivo para decirte qué hacer, cómo sentir y a veces hasta qué pensar; o, le buscan una explicación psicológicofreudiana-analíticoexistencial al problema.
Los que evidentemente, o no saben qué decir o el sufrimiento humano les es motivo de conflicto, de manera que friquen al procesar su “quiero irme corriendo de aquí” con su sentir que “tienen que hacer algo”, por lo que te salen con atinadísimas sugerencias tales como: “Entretente con otra cosa, ni lo pienses” o “eso se cura con una buena peda”, dejando en evidencia su endeble capacidad de enfrentarse a los problemas.
De cualquier manera, en ambos casos, resalta la sensación de no sentirse escuchado; en el primero, porque no siempre buscamos que nos reciten un manual, (aunque he de reconocer que hay uno que otro zángano mental por ahí) y en el segundo, porque pareciera que para el otro es muy insignificante nuestro (drama) lo que contamos (ches insensibles!). Es comprensible que no todos sepamos cómo reaccionar, incluso los psicólogos que están entrenados para lidiar con ello a veces no saben qué decir. Independientemente de cuál sea la situación, creo que lo mejor sería clarificar antes de soltar la brillantez por la lengua, qué es lo que el “quejante” espera recibir del afortunado “receptor de queja” . A veces es mas sencillo preguntar ¿quieres un consejo? o al menos expresar un sano y honesto “no sé qué decir”. Personalmente reconozco que he caído en el “recitadorus de manualus”, (pido disculpas a quien le haya tocado je!). La realidad es que a todos nos gusta sentirnos escuchados, no aleccionados ni ignorados y con respecto a las incomodidades de la vida, si no podemos hacer nada para remediarlo o ya lo hicimos: quejémonos, es un alivio!.
Yo (o parte importante de mí)
sábado, 5 de septiembre de 2009
La Sra. Solís me ha recordado que la creación de este blog tiene muchos fines (unos explícitos, otros no) y uno de ellos es la instauración de relatos, la publicación de ideas y la transmisión de opiniones.
Y heme aquí, escribiendo –producto de una elección muy atinada–. Pero dice la gente, que para empezar, hay que hacerlo por el inicio.
Mi principio, surge como el de todos: en una tribu matriarcal. Primogénita de primogénitos, nieta de nietos, hermana de hermanas, prima de primos, sobrina de sobrinos… la primera en muchas situaciones de mi vida… de repente, no sólo en la familiar.
De mirada coqueta, labios provocadores, sonrisa continua, con rulos en el cabello y senos de ensueño (por algo me denominé Narcisa… lo sé…). Tachada de “nionia y cursi”. Me declaro una asidua de las películas románticas a la que no le sale fácil un “te quiero” de los labios.
Pensaba que ser linda e inteligente no combinaba (que era tarea imposible), hasta que acepté lo irremediable de mi situación… soy analítica y demasiado crítica para mi propia dicha. Ambivalente, defensiva, vanidosa y maternal. La <eterna confidente
Proveniente de una herencia de sobreprotección, nobleza, soberbia defensiva y altivez. Con una carga de independencia masculina: por generaciones se ha carecido de ellos (y el “felices para siempre”). Ya sea la diferencia de edad, la muerte o el divorcio, no se han quedado. Se han ido. Reflexión que en otra ocasión explayaré.
Crecí con el traspaso de ideas del siglo XIX en el movimiento del s. XX. Adquirí valores que nunca pasarán de moda, aprendí a modificar estereotipos y evitar –en la medida de lo posible– realizar juicios de valor.
Me desarrollé en la provincia, con altibajos, desencantos, dulces y amistades. En mi niñez transité entre la timidez, la precoz responsabilidad y la televisión. La adolescencia fue una época de lecturas, identificación de plan de vida profesional, el primer beso (¡y el segundo igual!) y el descubrimiento de mis deseos de ser poetisa… creadora de sonetos como Juana de Asbaje.
Llegó la adultez, y con ella, el primer amor, conflictivo afecto que me enseñó a través del dolor constante todos los errores que puede cometer una mujer. Se lo agradezco infinitamente, más aún, desde que ya no estoy con él –otra sabia elección–.
Y aquí estoy, en el vaivén de mi aprendizaje, desarrollo y crecimiento. En la catarsis de mis experiencias y fracasos. Estoy iniciando una aventura, muchas gracias María Desidia por la invitación…
Narcisa Epicúrea (¿necesito explicar más? jaja).
Va la primera
Concuerdo con la Desidia en que esto será un xek, que se me antoja interesante y con chilito. Sólo espero que este Sisterhood of traveling pants (versión kitch en blogspot ), no termine en lo típico de viejas: envueltas en el chisme y balconeo mutuo; aunque… pensándolo bien, igual seremos mujeres hablando de cosas de mujeres, ¿o no?. Anyway, en cuanto a mi participación, quiero resaltar que yo, mujer (eso dice mi parte de abajito), seguiré los principios de mi terco y bien arraigado egocentrismo que sólo me deja hablar de mí, ¿hablar de otras y de sus cosas?... ¿para qué?, suficiente conmigo. Con esto, también quiero decir, que no abundará la intelectualidad, porque aunque soy como un libro (eso dicen en los cursos de autoestima), no fui escrito por intelectual de Canal 40, que por cierto sí veo y me gusta, pero bueno, el punto es que no será mi objetivo el tiempo que dure aquí.
Definitivamente me gustan los comienzos. So, let´s get start it!!. Adios!.
